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Asesinatos en la cruzada

26 de Noviembre del 2007 | Vista: 1331 veces.
Es la misma triste historia de siempre. El que estaba llamado a convertirse en uno de los mejores juegos de la temporada se ha quedado en espejismo. Vivimos tiempos en los que un mínimo de innovación o espectacularidad se saluda con honores de obra maestra, de modo que si algún producto es calificado con notas por debajo del sobresaliente, cunde el escepticismo. Las malas vibraciones se confirmaron tras pasar un buen puñado de horas con el juego. Assassin's Creed no es la maravilla que prometían.



De acuerdo, los diseñadores de Ubisoft Montreal dan el clavo en algunos aspectos y el juego impresiona a nivel estético; pero no han sabido aprovechar el potencial. Y tenía mucho. ¿Su problema? En realidad la palabra habría que escribirla en plural, porque son varios y, además, de los gordos. Una inteligencia artificial de chiste, historia para olvidar y una mecánica cimentada sobre elementos que se repiten en exceso no son errores que uno pueda obviar. Assassin's Creed se sitúa en un tiempo histórico más o menos reconocible (aquí nos convertimos en Altair, un miembro de la secta de los Hashshashin), concretamente en Oriente Medio durante la tercera cruzada, y el trabajo realizado en lo que a documentación y recreación de ambientes se refiere es sencillamente digno de una obra maestra. Jerusalén y Damasco lucen a las mil maravillas y se recupera el esplendor que se le supone a las ciudades de aquella época. De alguna manera, ése es el truco del juego: su impacto inmediato. Nadie puede permanecer impasible ante el despliegue de efectos de última generación. Una sensación que, dicho sea de paso, se prolonga más o menos durante una hora. A lo largo de todo ese tiempo, Assassin's Creed cumple lo que había prometido. Lo malo es que a poco que se rasque salen a relucir las faltas del juego que, como se ha dicho, no son pocas.



HALLAZGOS. Con todo, hay grandísimos hallazgos en el juego. Uno de ellos es el control. La forma de manejar al protagonista es algo nunca visto, fresco, novedoso, quizás revolucionario y, además, bien implementado. Básicamente, el cuerpo del Altair se maneja con los botones. Hay uno para la cabeza, otro para las piernas y un tercero para los pies. Brillante. Da gusto ver cómo el personaje se mueve por el escenario, escalando edificios y utilizando cualquier punto de apoyo para ganar terreno poco a poco. Otro punto a favor: los asesinatos, momentos de tensión que se agradecen. Lástima que, como comentábamos, a la larga las misiones y la mecánica del juego se copie a sí misma de una manera tan descarada. De esta forma, el juego acaba por aburrir y ni lo apabullante de los escenarios (que, por cierto, en algunos puntos puede ser observado en toda su panorámica magnitud) son puntos lo suficientemente bien implementados como para hacer olvidar las carencias.



Se podría haber recompensado la exploración del escenario, darle a los asesinatos y tus acciones cierto toque de decisión moral conflictiva o crear una vida artificial mucho más inteligente. Todas características que harían de Assassin's Creed ese juego que parecía que iba a ser y no el que, por desgracia, ha terminado siendo.